jueves, 3 de diciembre de 2015

Ocasos inacabados

No se puede borrar una huella del cemento fresco. Sólo se le pueden echar más capas encima. Y aun con todo, seguirás torciéndote el tobillo cada vez que, en un acto de soberbia, trates de pisarla como si levitaras de vuelta a casa.
Creyéndonos ingenieros de caminos no lograremos llegar lejos, hace falta que nuestros pies sangren para descubrir que  se hace camino al andar.

Andaremos tanto como piedras queden por romper. Desahuciaremos sueños hasta que no haya hueco para pensar.
Y esque, en ocasiones, el silencio se pone a chillar. Y arremete contra todo lo que las consciencias no son capaces de crear. Otras, se materializa en forma de caprichos a latigazos de rutina.

Menos mal que llevo la cuenta de más noches sin dormir por los chillidos de las que paso remansada curando las heridas de mi espalda.

Menos mal que todavía existen puestas de sol de madrugada.

Menos mal que aun se necesita repetir las cosas que quedaron dichas por tantos otros.




miércoles, 2 de diciembre de 2015

Desencuentros

Esas ganas de llorar a contraluz, que no se disuelven con las notas de tu voz truncada…
Son esos detalles los que nos hacen darnos cuenta de que no, no es tan sencillo fingir, hay que tener arte hasta para eso. Entonces, todo el mundo parece haber nacido artista, porque no hacen más que fingir que siguen no un camino, sino una autopista. Una autopista sí, de las de cinco carriles por cada sentido, en la que están tan bien trazadas las líneas blancas del suelo, que a nadie se le ocurre cruzarla en diagonal, ¡no vaya a ser que la pintura se malgaste!
Mientras otros, nos estancamos, agobiados por el vaivén de tantas faldas agitadas y los ruidos incesantes de unos tacones que han aprendido a caminar sin dueño. Aun así, dicen: queremos cambiar. Yo me limito a levitar. Y si la ansiedad no me deja trabajar, que corran mis venas por el mar. 

Pero los tiempos no están ahí para escucharte, sino para modificarte.
Siempre a tientas de reloj, siempre dependiendo del nunca, siempre abalanzándonos sobre lo que podría pasar… Es curioso, como quién más ganas tiene de viajar, más se corta las alas.

Sin embargo resulta que, no SIEMPRE se aparece tan fácil lidiar con el mundo.
Comprendí, hace muchas páginas ya, que lo bueno dura poco y que no se puede diluir la imagen de las flores que crecieron donde ahora sólo hay tierra con sal.
La locura no es una opción cuando te abandona la razón; es la fuente de inspiración que rescata las ideas que están a punto de hundirse en un mar de gasoil amenazado por la llama de la prisa.

¿Y ahora quién soy? Quizás seáis vosotros quienes ansiéis más la respuesta.
No tengo ninguna propuesta. 

Juzgad. Juzgad .Sólo juzgando lo que juzguen de lo juzgado sobre lo que juzgan los jueces de lo que juzgáis, encontraréis un lugar. Y la justicia se desvanece antes de que termine de pronunciar su nombre.

¿Acaso la vida tiene otro sentido que pasárnosla hablando de la muerte?


domingo, 29 de noviembre de 2015

Descomponiendo

Tengo casi dos días de música.
Un cuentagotas de palabras vacías.
El cenicero lleno y algo de sangre entre alcohol.

Veo el reflejo de la luna estamparse contra el cristal
de una ventana destartalada de tanto temblar.

Mis poemas ya no quieren rimar.
Declarada la guerra, ya no hay pacto bilateral.

Y mis rojos se desvanecen hasta posarse en mis ojos ,
y así destruir a pestañas las balas que perdí por ti.

Pero no apures, que aún no ha habido ser
que de esta montaña rusa me haya visto caer.


No me duelen los círculos trazados a mano alzada
ni los poros de una piel desgastada, me pesa en el alma
que se rindan las palabras creyendo que el mejor incendio es el silencio,
creyendo que ya no queda tiempo para inundar el universo de dudas.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Girando en plano

Ya hemos pasado por esto, la decepción nos ha lijado un centenar de veces con su furia, y a pesar de ello, no lograremos detener a la 101. Masas de carne que aparentan sentir lo que contradicen al sacar su lengua a pasear por los confines de un mundo mutilado. Tratamos de tender puentes sobre ríos secos, creyendo que nunca se apagará el sol. Antes de presionar una tecla, sabemos que el punto le pondrá fin al espacio.

Ya hemos pasado por esto.
Ya lo hemos hecho.
Y ahora volvemos a hacerlo.

No somos nada

Vuelve a no ser casualidad que aparezca como primera opción la canción que predica el silencio que se ha hecho entre tú y yo. Ninguno de los dos fuimos víctimas. Despuntamos con la fuerza de un ciclón nuestros cuchillos y los lanzamos al aire con el impulso de los truenos de las tormentas de octubre, ahora bajan a buscarnos. Poco o nada que reprocharles. Palabras que pierden su sentido antes de que rocen sus filos. Nadie vence a la furia del viento, a la indiferencia del tiempo, ni a la muerte súbita de un recuerdo. De igual manera que de amor no se muere, que en todo caso se muere de asco.

Asco. Asco y más asco ronda por todas las esquinas del ocaso. Si nos nos encontramos por el bar, ya me encargaré de soñar. Soñar que no nos cortan las alas antes de despegar, y sentir entre ronquidos que no formamos parte de eso que llaman humanidad. Aquí las personas nos matamos por trozos de metal adornados con la cara de cualquier general. Lo único que somos a los ojos de quienes no quieren mirar es el dinero que nos queda. Pero el sueño permanente como estado de vida queda prohibido, por eso invertimos en siestas de medio litro. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Almas de cemento

La maldición que echamos sobre un número resulta tan irracional como gastar una vida en entender el porqué de la muerte sin que sea ella quien primero te encuentre.

Qué bello sería este paseo si permaneciéramos mudos, sordos y ciegos a las llamas que las flechas nos disparan apuntando directamente a la sinrazón en cada azotea, al tratar de volar sin considerar que hemos de hacer el viento soplar. Sólo queda añorar cuando se siente tan de cerca la libertad. Como una roca sobre mi conciencia se desploma el mundo que creo al andar.

Quizás de tanto pintar pájaros azules sobre aceras que no devuelven el canto del llanto de sus lágrimas se nos olvidó lo seco que está el cemento que pisamos.
Quizás el "quizás" se ha marchitado en demasiados de los ojos que leen unas páginas que no lo han nombrado ni una sola vez, y nuestras almas estén condenadas, innatamente, a la inocencia de desprenderse cuando se hieren con su propio hierro ardiente.

No por llover menos la hiedra deja de crecer. Con casas en ruinas y manos desgarradas por el atropello del reloj, se oyen a lo lejos los murmuros de los que llevan días descansando bajo una cruz de hierro al amparo del Sol de invierno.

Ni rojos ni negros eran sus pesares, mas de colores se tiñeron hasta lograr acabar con su vida dentro de un disfraz. ¿Todavía permanecen los charcos frente al hogar?

Jamás podré olvidar todo lo que me queda por conocer.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Tempestades

Niños. En la etapa más primitiva. Niños. Vestidos con adornos de animales que nos recuerdan que en fondo somos lo que valemos, porque este sistema no tiene otro fondo. Pozos que acumulamos la pobreza sin más fondo que el hueco que nos deja. Veleros sin viento que se estancan en la costa antes de que los marineros puedan despedirse de sus esposas. Somos los que hacemos levantar el viento sin lograr cambiar ni siquiera el color de la mirada. Aquéllos que se despiertan con ideas y se acuestan suicidándolas. Pasión. Ardiendo a contrarreloj bajo una rutina impetuosa que se nos clava como el veneno de la araña al sonar el despertador. 


Si fuera hoja, si fuera como dice la canción “palmera plantada enfrente del mar sin pensar en respirar si quiera”, o si “viviera como animal”, no podría escribir mis pensamientos, porque quizás ni siquiera los tendría. Hoy quiero salir a pelear, ya hubo tiempo para llorar. A pesar de que haya cambiado las paredes por otras, siguen siendo la misma soga que me ahoga. Vamos a vibrar como copas de champán al chocar.

Las emociones son tan fugaces como el producto del champán que se nos queda en el recuerdo, por eso suben y bajan como sus burbujas. Sí, si hablamos sin rodeos con la mirada puesta en el hueco que nos sobra entre pecho y espalda, (cosa complicada), diremos a la vez que no somos seres conformistas. Cuando conseguimos algo, cueste lo que nos haya costado, siempre, siempre, y siempre, buscaremos algo que en apariencia sea mejor a lo que ya suponemos tener bajo nuestra trampa. ¡Que los errores, que vivan todos ellos! Porque nos hacen mejores. Si se aprendiera de las buenas experiencias no estaríamos de vuelta al pasado. 

Que sólo somos lo que nunca hemos buscado. 

A veces minas enterradas esperando ser pisadas, y otras, atacantes de primera línea que se dejarían atravesar por los argumentos de cualquier soldado antes que demostrar que están en contra de la guerra. En ambos casos salimos perdiendo, perdiéndonos. 

Un punto entre tantas estrellas, entre miles de millones de constelaciones que ni siquiera se han dibujado ellas, que las han pintado otros con la cola de su fama. Quizás no han sido sus pasos sino sus zapatos los que las han llevado a ganarse un pedazo de aire. Y yo, sigo aquí, con los ojos más rojos que nadie. Hoy el alma se lava con lija. Con la lija de la realidad más cruda, con esa que sólo provoca roña donde antes había heridas. Ni cicatrizar ni tapar, hay que sacar las heridas a relucir, que sino, salen solas, porque siempre salen, y encuentran el idóneo camino para hacerlo; el único posible.

No hemos nacido para vender nuestra imaginación, hemos nacido para que nos la despedacen. Sentirse diferente cuesta tan caro, que de vez en cuando conviene recordar que todos lo somos.