martes, 8 de marzo de 2016

Clavículas cruzadas

Porque tus ojos gritan el repertorio de mares que te hubiera gustado surcar, y de los que reniegas navegar por quedarte un suspiro de más conmigo. Y así poder explicar que las gaviotas tienen la culpa de que las alas del viento no quieran volver a volar sin sentir que lo que las impulsa no es otra cosa que tu aliento.

De carne o de cera, llámeme como usted prefiera, que nunca un loco enamorado de semejante doncella murió más por la locura que albergaba en sus venas que por cuerdo.
Mas aquí sigue un alma encerrada que de tanto reconstruir tu silueta cree ver cuervos donde antes se apoyaban tus pechos. Ya no hay lechos ni techos que consigan acabar con la pobreza de una mente inerte, de un cuerpo que acepta venderse a la gravedad cada vez que puede por cuatro perras.

Que vale, que sí, que el colchón ladeado por culpa de la lámina rota del somier que lo soporta, me recuerda cada vez que me acuesto, que no fue solo un sueño, que hubo un terremoto sobre estas cuatro patas de hierro que aguantan a duras penas esta balanza desequilibrada que siempre acaba hacia el mismo lado decantada, y me demuestra que, de las mejores ocasiones se puede salir con la piel a moratones, que hasta el mayor de los placeres, (dormir), puede quedar eclipsado y narcotizado durante días gracias al chute de adrenalina que provoca mezclar la esencia de dos almas en explosión al ritmo que marcan los gemidos de las gotas de sudor, y no de lágrimas, que dibujan cascadas imaginarias sobre nuestras espaldas desnudas, rojas, y, arañadas de ganas de probar a qué sabe el éxtasis, de provocar al mundo entero con la desfachatez de follar sin máscara, a pelo, con la ventana abierta por si superábamos la temperatura de las cámaras de gas y la vida ardiendo, sacándo lava por cada poro de piel que nos empapa un vacío sin vaso del que rellenar cuando el sudor se vuelva rocío.

domingo, 21 de febrero de 2016

Intenciones

Ni el fumador dejará su vicio por mucho que se prohíba, ni el corazón olvidará el hilo del que pende para salir volando.

Encadenada a la noche, víctima del vaivén que produce la marea en las olas de plata de estas venas muertas de pena. Robándole horas al sueño y justificando el suicidio de un despertador. Cualquier hora es buena para mordisquearse a locuras. Cualquier hora vale para dejarse caer.

 No le preguntes a mi tibia porqué ya no soporta contar los cuadrados de las aceras si al caminar se distrae dándole la vuelta a las malas ideas. Si no estás hecho de plástico, de poco sirve un radiador al que acercarse para recomponerse.

Menos mal que la piel que nos nutre saca a relucir todas sus heridas antes de abrir los ojos. 

jueves, 4 de febrero de 2016

Rebuscando en el vacío

A solas soy capaz de reconocer más cosas de las que desearía y menos de la cuenta que recuerdo llevar. Así que aprovecho los fugaces y escasos momentos de soledad para lanzar al viento algún que otro grito mudo, donde dejo condensados los instantes que a la inocencia le he robado. Pero no todo podrían ser llantos.

Ahora es uno de esos momentos. Y debo decir que últimamente no ha venido ninguno a sacudirme. Me extraña, ya que yo vivo por dentro, y lo que pueda parecer por fuera nunca ha sido ni de mi incumbencia ni de mi agrado.

El tiempo es traicionero, y siempre jugará contra nosotros. Demostrándonos la efimeridad de un segundo y la impotencia de querer morir antes de hora. No dejaremos de ser esclavos del viento. Que si ensuciamos el aire que respiramos es porque queremos que la ropa cale bien hondo en nuestros pulmones para ver que, aunque por fuera el mundo esté jodido, nosotros no podemos dejar de pertenecer a él y ser la fruta sembrada que recogemos.

lunes, 4 de enero de 2016

Entreguerras

Trato de dejarme la concentración en unos números que no me dicen nada, y como no es cuestión de ser doctorado en economía el saber que todo pasa cuentas, la pluma de la poca imaginación que aún no han matado, sale huyendo del papel y se embarca en los brazos del pasado que de tan destrozado no quieren que sepamos. Queda tanto polvo por limpiar… Pero los escalones de la tortura no se pueden bajar hacia atrás.

Mi batalla no sabe de lanzas ni de espadas, tampoco de adoquines arrancados ni de enemigos fusilados, mi batalla son los ojos de unos seres andantes, que de tan acomodados a las costumbres, se han vuelto de plástico.

Mi batalla trata de sobrevivir a las cadenas que la llaman, mi batalla no entiende de guerras más allá del corazón. Mi batalla se muere de ganas por unos labios que no ladren los consejos de la televisión. Mi batalla se desespera cuando espera en el semáforo rojo y vuelve a encontrarse si camina en dirección contraria a la razón.

Mi batalla muere con cada despertador que suena, tiembla con cada sueño que se quiebra, para después tomar el sol sobre mi tumba de cristal mientras me narra algún cuento de una vida tan irreal como la nuestra.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Ocasos inacabados

No se puede borrar una huella del cemento fresco. Sólo se le pueden echar más capas encima. Y aun con todo, seguirás torciéndote el tobillo cada vez que, en un acto de soberbia, trates de pisarla como si levitaras de vuelta a casa.
Creyéndonos ingenieros de caminos no lograremos llegar lejos, hace falta que nuestros pies sangren para descubrir que  se hace camino al andar.

Andaremos tanto como piedras queden por romper. Desahuciaremos sueños hasta que no haya hueco para pensar.
Y esque, en ocasiones, el silencio se pone a chillar. Y arremete contra todo lo que las consciencias no son capaces de crear. Otras, se materializa en forma de caprichos a latigazos de rutina.

Menos mal que llevo la cuenta de más noches sin dormir por los chillidos de las que paso remansada curando las heridas de mi espalda.

Menos mal que todavía existen puestas de sol de madrugada.

Menos mal que aun se necesita repetir las cosas que quedaron dichas por tantos otros.




miércoles, 2 de diciembre de 2015

Desencuentros

Esas ganas de llorar a contraluz, que no se disuelven con las notas de tu voz truncada…
Son esos detalles los que nos hacen darnos cuenta de que no, no es tan sencillo fingir, hay que tener arte hasta para eso. Entonces, todo el mundo parece haber nacido artista, porque no hacen más que fingir que siguen no un camino, sino una autopista. Una autopista sí, de las de cinco carriles por cada sentido, en la que están tan bien trazadas las líneas blancas del suelo, que a nadie se le ocurre cruzarla en diagonal, ¡no vaya a ser que la pintura se malgaste!
Mientras otros, nos estancamos, agobiados por el vaivén de tantas faldas agitadas y los ruidos incesantes de unos tacones que han aprendido a caminar sin dueño. Aun así, dicen: queremos cambiar. Yo me limito a levitar. Y si la ansiedad no me deja trabajar, que corran mis venas por el mar. 

Pero los tiempos no están ahí para escucharte, sino para modificarte.
Siempre a tientas de reloj, siempre dependiendo del nunca, siempre abalanzándonos sobre lo que podría pasar… Es curioso, como quién más ganas tiene de viajar, más se corta las alas.

Sin embargo resulta que, no SIEMPRE se aparece tan fácil lidiar con el mundo.
Comprendí, hace muchas páginas ya, que lo bueno dura poco y que no se puede diluir la imagen de las flores que crecieron donde ahora sólo hay tierra con sal.
La locura no es una opción cuando te abandona la razón; es la fuente de inspiración que rescata las ideas que están a punto de hundirse en un mar de gasoil amenazado por la llama de la prisa.

¿Y ahora quién soy? Quizás seáis vosotros quienes ansiéis más la respuesta.
No tengo ninguna propuesta. 

Juzgad. Juzgad .Sólo juzgando lo que juzguen de lo juzgado sobre lo que juzgan los jueces de lo que juzgáis, encontraréis un lugar. Y la justicia se desvanece antes de que termine de pronunciar su nombre.

¿Acaso la vida tiene otro sentido que pasárnosla hablando de la muerte?


domingo, 29 de noviembre de 2015

Descomponiendo

Tengo casi dos días de música.
Un cuentagotas de palabras vacías.
El cenicero lleno y algo de sangre entre alcohol.

Veo el reflejo de la luna estamparse contra el cristal
de una ventana destartalada de tanto temblar.

Mis poemas ya no quieren rimar.
Declarada la guerra, ya no hay pacto bilateral.

Y mis rojos se desvanecen hasta posarse en mis ojos ,
y así destruir a pestañas las balas que perdí por ti.

Pero no apures, que aún no ha habido ser
que de esta montaña rusa me haya visto caer.


No me duelen los círculos trazados a mano alzada
ni los poros de una piel desgastada, me pesa en el alma
que se rindan las palabras creyendo que el mejor incendio es el silencio,
creyendo que ya no queda tiempo para inundar el universo de dudas.