Esas ganas de llorar a contraluz, que no se disuelven con
las notas de tu voz truncada…
Son esos detalles los que nos hacen darnos cuenta de que no, no es tan sencillo
fingir, hay que tener arte hasta para eso. Entonces, todo el mundo parece haber
nacido artista, porque no hacen más que fingir que siguen no un camino, sino una
autopista. Una autopista sí, de las de cinco carriles por cada sentido, en la
que están tan bien trazadas las líneas blancas del suelo, que a nadie se le
ocurre cruzarla en diagonal, ¡no vaya a ser que la pintura se malgaste!
Mientras otros, nos estancamos, agobiados por el vaivén de tantas faldas
agitadas y los ruidos incesantes de unos tacones que han aprendido a caminar
sin dueño. Aun así, dicen: queremos cambiar. Yo me limito a levitar. Y si la
ansiedad no me deja trabajar, que corran mis venas por el mar.
Pero los tiempos no están ahí para escucharte, sino para modificarte.
Siempre a tientas de reloj, siempre dependiendo del nunca, siempre
abalanzándonos sobre lo que podría pasar… Es curioso, como quién más ganas
tiene de viajar, más se corta las alas.
Sin embargo resulta que, no SIEMPRE se aparece tan fácil lidiar con el mundo.
Comprendí, hace muchas páginas ya, que lo bueno dura poco y que no se puede
diluir la imagen de las flores que crecieron donde ahora sólo hay tierra con
sal.
La locura no es una opción cuando te abandona la razón; es
la fuente de inspiración que rescata las ideas que están a punto de hundirse en
un mar de gasoil amenazado por la llama de la prisa.
¿Y ahora quién soy? Quizás seáis vosotros quienes ansiéis más
la respuesta.
No tengo ninguna propuesta.
Juzgad. Juzgad .Sólo juzgando lo que juzguen de lo juzgado sobre lo que juzgan
los jueces de lo que juzgáis, encontraréis un lugar. Y la justicia se desvanece
antes de que termine de pronunciar su nombre.
¿Acaso la vida tiene otro sentido que pasárnosla hablando de
la muerte?